En esta luz se cuela ya el otoño
encendiéndose,
siendo extraña manera de mirar
cómo la voz de las ramas
se lamenta
de su peso desnudo y su silencio.
Llega, pone sus ojos en la tarde
y se viste
de suave secreto de espesura,
y nos deja en la limpia paz del suelo
un lecho de dorada música callada.
Al escuchar en el rumor del viento
alguna voz que gime,
sabremos que ha llegado
su nuevo estar,
su sueño en cada instante
que la fuerza de los árboles ecienden
para derramarse entre los brazos
de los días tan breves.