12 de febrero de 2026

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De Crónicas

PUEBLOS MÁGICOS DE LA RIBERA DEL ADAJA EN EL ENTORNO DE ÁVILA (XI) Calendario de fiestas tradicionales y nómina de músicos populares

PUEBLOS MÁGICOS DE LA RIBERA DEL ADAJA EN EL ENTORNO DE ÁVILA (XI) Calendario de fiestas tradicionales y nómina de músicos populares
PUEBLOS MÁGICOS DE LA RIBERA DEL ADAJA EN EL ENTORNO DE ÁVILA (XI) Calendario de fiestas tradicionales y nómina de músicos populares
Jesús Mª Sanchidrián Gallego
  • 25 de Enero de 2026

Las fiestas populares contribuyen a configurar la identidad propia y singular de cada pueblo, de ahí su importancia. Estas fiestas se caracterizan, generalmente, por su aspecto religioso, localidad erigidos bajo las más variadas advocaciones de santos, vírgenes y cristos. En estos días las iglesias y ermitas se llenan de feligreses, las calles se engalanan de colorido, se recuperan las tradiciones festivas y el pueblo alcanza su máximo esplendor.

Por otro lado, existe un dicho popular de gran raigambre en el calendario festivo de esta tierra: «Tres días hay en el año que relucen como el sol: la matanza, el esquileo y el día de la función», emulando al refrán "Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”.

En esta ocasión, destacamos el día de la función en el ciclo de las fiestas tradicionales que reseñamos, y con esta premisa iniciamos un recorrido por el calendario de: «los pueblos de la ribera del Adaja en el entorno de la ciudad de Ávila, advirtiendo que muchas de aquellas han perdido el esplendor de antiguo o han sido cambiadas de fecha para hacerlas coincidir con otras de mayor afluencia de público con la esperanza del regreso de antiguos vecinos y naturales que emigraron.

Y todo, sin olvidar que la música de dulzaina y tamboril que en procesiones bailes y verbenas fue y es protagonista en las programaciones festivas que rememoramos, de la que recogemos una entrañable nómina de intérpretes, pues las fiestas tradicionales que comentamos no se entenderían sin el fondo musical de los instrumentos más auténticos de nuestro folclore.

ENERO.

El calendario festivo de los pueblos del Adaja, como en la mayoría de las localidades del medio rural dedicadas a la agricultura y la ganadería, se iniciaba después de navidades, el 17 de enero, con la bendición de los animales por intercesión de San Antón. El pueblo de Vega de Santa María tenía su fiesta tradicional el 21 de enero en honor de Santa Inés, si bien actualmente ya apenas se conmemora y, en cambio, ya hace varios años que por estas fechas se celebraba la fiesta de la matanza que organiza la peña «El Vendaval». Peñalba de Avila honra a su patrón San Vicente Mártir, a quien llaman «El Cuervo», el 22 de enero; festividad que también se celebraba en el pueblo de Tolbaños. El 25 de enero, Monsalupe continúa festejando a San Pablo, quien es titular de la parroquia.

FEBRERO.

«Febrerillo loco, un día peor que otro», dicen los agricultores, para quienes los cambios climáticos son buenos para el campo. «Brígida, María y Blas, los tres días holgarás», reza un dicho popular en relación con las fiestas de Santa Brígida (día 1), la Candelaria (día 2) y San Blas (día 3), a los que hay que sumar Santa Agueda (día 5) y los Carnavales, tres días antes del Miércoles de Ceniza. Los rigores del invierno y la escasez de trabajo en las faenas agrícolas eran determinantes de una situación ociosa predispuesta al divertimento entre las gentes de los pueblos de la ribera del Adaja. Las «carnestolendas» eran entonces la fiesta más grande.

La fiesta de Las Candelas del 2 de febrero, en honor de la Virgen de la Candelaria, todavía se recuerda en Saornil como un día grande. El 3 de febrero, Blascosancho festeja a San Blas, el santo de las cigüeñas, pues esta fecha coincide tradicionalmente con su llegada a las torres de las iglesias. Desde hace décadas, las mujeres de Mingorría han recuperado la fiesta de Santa Agueda, así que ese día, el 5 de febrero, se ha convertido en un día festivo que va cobrando importancia. Santa Paula Barbada, la Santa de Cardeñosa, se festeja en este pueblo el 20 de febrero, donde llaman la atención en este mes las elegantes capas que lucen los cofrades cada domingo.

Cuarenta días antes de Semana Santa es la fecha del carnaval, una singular fiesta pagana, que sin embargo se celebra en el calendario cristiano con la idea puesta en la «Cuaresma». Esta tradición festiva ha mantenido su celebración en Mingorría, y también se recuerda en Cardeñosa y Peñalba, y otros muchos pueblos. Sobre ello destacamos el Bando dictado en el siglo XIX, el 22 de febrero de 1868, por el alcalde de Mingorría, que decía:

«Don Francisco Sáez, alcalde Constitucional de esta Villa de Mingorría. Hago saber: Que para que las diversiones propias del próximo Carnaval, que van a tener efecto sin oponerse a los habitantes de ella, he dispuesto se observen las siguientes reglas:1) En los tres días de carnaval se permite andar con disfraces por la calle, y con careta puesta, hasta el toque de oraciones. 2) Ninguna persona disfrazada podrá llevar armas, ni entrar con careta puesta en el baile, tabernas, ni casas particulares.3) Igualmente, se prohíben dichos y acciones deshonestas, así como el uso de mazas, que de cualquier modo incomoden a los vecinos, bajo la pena de un Ducado de multas. Y a fin de que no se alegue ignorancia, evitándome tener que castigar a los infractores, se fija el presente al público».

Ciertamente, en Mingorría se recuerda que en todas las plazuelas se organizaba o improvisaba el baile al son de la dulzaina y el tambor, o del organillo que sonaba por las calles y en los salones tío Fausto y el tío Simón. Los quintos recorrían las casas recogiendo huevos, longaniza y otras dádivas que después degustarían juntos. Mientras las amas de casa hacían bollos, hojuelas, flores, rosquillas, huesillos y retorcidos. Y cada mañana no podían faltar los churros y el chocolate.

También los centros escolares que agrupan a las localidades de la zona en el CRA ‘Miguel Delibes’ de Mingorría, Santo Domingo de las Posadas, Vega de Santa María y Velayos, y en el CRA ‘Las Cogotas’ de Cardeñosa, Peñalba, Las Berlanas, Gotarrendura y Villanueva alegran la soledad de los pueblos con vistosos pasacalles, en algunos casos.

MARZO – ABRIL.

En los meses de marzo o abril, depende del calendario de cada año, la Semana Santa recobra un especial significado en todos los pueblos de la ribera del Adaja, entre cuyos actos cabe destacar la procesión del Viernes Santo en Peñalba, donde se recitan los poemas y romances de Lope de Vega, una tradición del siglo XVII que también se mantenía en menor medida en Cardeñosa, Vega de Santa María y Pozanco, igual que en la localidad de Navaluenga, donde además son un importante atractivo turístico.

En estos pueblos, la Semana Santa de Ávila se hizo romance en los versos de Lope de Vega dedicados a la pasión de Jesucristo cuando recordamos su paso por Ávila al servicio del duque de Alba en 1591-1595, y cuando ocupó la capellanía de la ermita de San Segundo de Ávila en 1619. Una muestra es el canto al ‘Desprendimiento de Cristo y la Virgen’: «Los dos más dulces esposos / los dos más tiernos amantes / los mejores madre e hijo / porque son Cristo y su madre». (Rimas Sacras, 1614).

La Semana Santa de Ávila reúne parte del universo social y religioso abulense que semeja al Gran teatro del mundo que en 1655 escribió el dramturgo y sacerdote Calderón de la Barca, donde cada participante (capellán, cofrade, hermano, costalero, peregrino, feligrés, músico, visitante, etc.) representa un papel en la recreación de la pasión de Cristo a modo de auto sacramental. Cierto que las procesiones de Semana Santa son una manifestación teatral pública en la calle, en la que se expresan rituales de participación de lo sagrado con implicación de cofradías y feligreses en escenarios únicos. Y así reza Calderón en Viernes Santo: «Solo, negado, escarnecido, muerto, / enclavado en la Cruz, ¡oh Jesús mío!, / la frente inclinas sobre el mundo impío, / en la cumbre de Gólgota desierto».

Finalizada la Semana Santa, el primer miércoles después del domingo de Resurrección, Mingorría celebra la Fiesta de las Aguas en honor del Santo Cristo del Berrocal. Este día todos los lugareños se dan cita en torno a la antigua ermita del Cristo y allí, al son de la música de dulzaina y tamboril, degustan, acompañados de limonada, la típica empanada y hornazo, elaborados según la tradición heredada de los famosos panaderos de la localidad.

MAYO.

El día 1 de mayo, en el paraje conocido como «El Chorro», propiedad del Ayuntamiento de Gotarrendura, situado junto al río Adaja y dentro del término de Peñalba, tuvo lugar una singular fiesta campestre auspiciada por los propietarios de la cercana dehesa de Navares y vecinos de los pueblos de alrededor. La Invención o Exaltación de la Cruz es una fiesta que el 3 de mayo se celebra en Cardeñosa, cuya parroquia está dedicada precisamente a la «Santa Cruz». Antiguamente Zorita también festejaba este día en su ermita del Cristo.

San Isidro Labrador, patrón de agricultores y ganaderos, es festejado en estos pueblos que tradicionalmente se han dedicado al trabajo de la tierra, pero destaca sobre todos Velayos porque en él San Isidro es además el patrón de la localidad. Blascosancho celebra el 20 de mayo la festividad de San Boal, patrón del pueblo. En mayo o primeros de junio, el domingo y lunes de Pentecostés, las gentes de Monsalupe festejaban a su patrona la Virgen del Buensuceso.

JUNIO.

Durante el mes de junio destacan dos fiestas que actualmente se suceden en domingo, y que son La Trinidad y El Corpus Christi, las cuales se celebran especialmente, por ser fiestas locales, en La Venta de San Vicente, donde se reúnen los pueblos de: Tolbaños, Escalonilla, Cortos y Gallegos de San Vicente, así como los caseríos de La Alameda y Encinas. La Trinidad también es fiesta local en Vega de Santa María y Santo Domingo de las Posadas, donde como tal se sigue manteniendo. En el resto de los pueblos se sigue celebrando el Corpus como una importante fiesta religiosa, incluso aunque no tenga el carácter de fiesta patronal. Todavía en junio, Pozanco festeja a San Juan Bautista el día 24, como titular que lo es de la parroquia; fiesta que también se celebra recientemente en Tolbaños.

JULIO. El 2 de julio algunos pueblos celebraban la fiesta de ‘La Garrobera’, fecha que el santoral dedica a la Visitación de Nuestra Señora, como es el caso de Saornil, Peñalba y Monsalupe, y que coincide con la mayor frondosidad de las algarrobas, un cultivo ya desparecido, siendo Luis Pardo, de Brieva, el último labrador que reúnen las recolectaba.

AGOSTO.

Agosto es un mes que antiguamente no destacaba sobre manera en el calendario festivo porque las gentes andaban ocupadas en las faenas agrícolas. En la actualidad ocurre lo contrario, pues aprovechando la afluencia de veraneantes se han trasladado a este mes la mayoría de las fiestas y celebraciones.
Así, el primer fin de semana Gotarrendura celebra sus fiestas en honor de la Virgen de las Nieves, donde participa decididamente la Asociación Cultural «Santa Teresa». En las mismas fechas, Blascosancho y San Esteban de los Patos festejan a la Virgen del Rosario, mientras que, al domingo siguiente, Tolbaños celebra su fiesta en honor de San José, titular de su nueva iglesia.

La Asociación «Santa Paula Barbada» de Cardeñosa organiza en este mes un interesante calendario de actividades culturales y festivas. El 15 de agosto se festeja la Asunción de la Virgen en Vega de Santa María y en La Venta de San Vicente se honra a la Virgen de la Caridad, patrona de la zona. El 16 de agosto es el día de San Roque, el cual se festeja en Saornil y Mingorría, convirtiéndose en esta última localidad en fiestas de verano con un amplio programa de actos. El tercer fin de semana, por San Roque se celebran las fiestas de verano de Santo Domingo de las Posadas, y Monsalupe. El último sábado de mes Zorita festeja a San Ramón Nonato, adelantado al anterior para acoger a más veraneantes. El mismo día que también lo hace Pozanco en honor de La Virgen. El 29 de agosto Las Berlanas celebra con grandes bailes La Riada, un aniversario de las inundaciones sufridas el año 1959.

SEPTIEMBRE.

En septiembre, el día 8, Pozanco festejaba a la Virgen de la Cuesta, si bien esta fiesta fue trasladada al mes de agosto. El 14 de septiembre Cardeñosa celebra su fiesta en honor de Cristo y la Virgen en la ermita, mientras que Peñalba celebra en las mismas fechas sus fiestas patronales dedicadas al Santísimo Cristo de Santa Teresa. Las Berlanas honra a su patrona la Virgen de la Asunción el tercer domingo de septiembre, en cuya víspera durante los últimos años tiene lugar la romería de la Virgen de Gandulle en la antigua iglesia parroquial. La festividad de San Miguel, del 29 de septiembre, se sigue celebrando en Gotarrendura, como antiguamente se hacía también en Zorita de los Molinos.

OCTUBRE. El primer domingo de octubre Mingorría celebra sus fiestas patronales en honor de la Virgen del Rosario, conocidas como «La Función», festividad que también se celebra en Monsalupe y San Esteban de los Patos, aunque en todas estas localidades los actos más multitudinarios se han trasladado a las fiestas de verano que se organizan en agosto. El segundo domingo de octubre Velayos festeja a su patrona, la Virgen de la Soledad, sin que falten en estas fechas los festejos taurinos. Las Berlanas destacó en estas fechas por su importante feria de ganado que comenzaba el día 24.

NOVIEMBRE. El día 8 de noviembre Santo Domingo de las Posadas celebraba fiestas en honor de San Martín, titular de su parroquia. El barrio de la Aldehuela de Las Berlanas celebra en su ermita la fiesta de la Purísima Concepción el 8 de diciembre. El año termina con la fiesta del Santo Chiquito el día 21, que se celebra en San Esteban de los Patos en honor de Santo Tomás, titular de su parroquia.

DICIEMBRE. En los últimos años, la comarca de ‘La Moraña’ ha recuperado la tradición belenística en el medio rural, programándose un interesante recorrido por la iglesia parroquial de Peñalba de Ávila, Las Berlanas, Gotarrendura, Hernansancho, Villanueva de Gómez, El Bohodón, Tiñosillos, Pedro Rodríguez, San Vicente de Arévalo y Nava de Arévalo. En una segunda etapa, la ruta pasa por Mingorría Blascosancho, Pajares de Adaja, Adanero y Sanchidrián.

En cada localidad, los vecinos reciben con entusiasmo a los visitantes mostrando con orgullo sus belenes, ofreciendo dulces navideños y, en algunos casos, deleitando con villancicos tradicionales. En la última convocatoria, más de cien personas se han sumado a esta experiencia de convivencia, tradición y espíritu navideño, que culminó en con una gran chocolatada para todos los asistentes, organizada por la ‘Asociación Raíces de la Moraña’. Gracias a esta iniciativa, la comarca de la Moraña se viste de Navidad y sus belenes siguen contando historias que unen a los pueblos.

LOS TOROS.

La programación de espectáculos taurinos, coincidiendo con las celebraciones festivas, constituyó una tradición característica de las diversiones populares de las gentes que habitan esta parte de la provincia abulense, destacando últimamente por ello las localidades de Cardeñosa, Mingorría y Velayos, parándonos de forma testimonial, y sin solución de continuidad, en la antigua costumbre de ‘correr los toros’ que todavía se mantiene entre la población velayera, aparte de mencionar los festejos del pueblo de Maello.

La fiesta de los toros tuvo su mayor exponente histórico en la plaza construida para la lidia frente a la ermita de Nuestra Señora del Berrocal de Cardeñosa. Este singular ruedo de piedra es de forma cuadrada, y parece tan antiguo como la propia ermita. El interior del coso, que antiguamente era rodeado de carros, dispone de unos espacios habilitados en sus ángulos para los espectadores, mientras que para correr las vaquillas se instalaron recientemente seis burladeros. Últimamente ya no se celebran festejos en esta hermosa plaza, dados los problemas de seguridad que presentan sus bellos muros, si bien antes se soltaba una vaquilla para aficionados y dos novillos para la lidia de profesionales.

Mingorría, por su parte, también ha celebrado desde antiguo espectáculos taurinos en sus fiestas, aunque ya hace décadas que dejaron de hacerse. Primero tenían lugar en plazas formadas con carros de labranza, como ocurría en la mayoría de los pueblos, hasta que fueron sustituidos por plazas portátiles. De este pueblo es el torero ya fallecido Paco Domínguez Méndez.

En la actualidad, la fiesta de los toros tiene su mayor auge en Velayos, localidad que cuenta con una plaza de nueva construcción inaugurada en 1990 con el cartel de Ignacio Martín y los hermanos Campano. La peña taurina «El Moriles» anima cada temporada organizando interesantes festejos, con lo que todavía mantiene viva una tradición ancestral, lo mismo que ocurre con una gran y lujosa programación en el pueblo vecino de Maello.

MÚSICA POPULAR.

Por su protagonismo en las fiestas tradicionales, nos ocupamos ahora de la música popular, la cual aparece como una manifestación pública de lo que el hombre tiene de privado, de íntimo e inherente a la persona, es como una exteriorización de su espíritu, de su estado de ánimo, y en un pueblo era el canto y el baile la mejor forma de expresar sentimientos tan profundos. Y la música de la dulzaina y el tamboril se muestra como símbolo de una cultura que expresa así su forma de ser y de vivir, y donde los instrumentistas materializan la percepción musical de las alegrías y pesares del hombre castellano, sus amores, su trabajo, su religiosidad y su ánimo festivo. De ahí las canciones y melodías de «ronda», «boda», «siega», «baile», «romería», etc., donde el valor creativo de los dulzaineros y tamborileros, quienes a base de intuición y sensibilidad componen y recogen melodías y ritmos de bailes y danzas.

En los pueblos de la zona hubo virtuosos dulzaineros y tamborileros, entre los que recordamos en Las Berlanas a Eutiquio (dulzaina) y Mauricio (tambor); en Cardeñosa a los dulzaineros Bernardino Garcinuño, Eloy Blázquez, Mariano Gutiérrez, Rufino García y Asun García, así como a los tamborileros Francisco Velayos y Juan Blázquez y los que tocaban el bombo, como Eusebio Sanchidrián y Severiano García; en San Esteba de los Patos a Salva (tamborilero); en Pozanco a Los Polilos (Jesús Muñoz y su hijo Aureliano) y a Celestino; en Vega de Santa María al dulzainero Jesús Álvarez «tío Dios» y al tamborilero Modesto Jiménez; en Mingorría a los dulzaineros «tío Milhombres» y «Colache», el tamborilero «Basiliete», y a «tío Cades» y Martín Alda que tocaban el bombo; en Brieva al tamborilero Luis Pardo; y en Tolbaños a Irineo. En Peñalba el grupo del dulzainero Paulino, de Navalmoral, es quien ameniza las fiestas, al igual que en Velayos lo hacen los jóvenes de Maello seguidores de Francisco Navas «Ojetete», cuyo tambor de había sido antes del «tío Basiliete», panadero de Mingorría, quien amenizaba las bodas con el «tío Colache» contratando para ellas la música y el pan, mientras que últimamente en Zorita de los Molinos no suelen faltar nunca faltan últimamente Teodoro Novoa y Ángel Vallejo.

En la figura de estos músicos se reconoce la contribución de los numerosos dulzaineros y tamborileros que surgieron en los pueblos como intérpretes de su folclore. Por ello, son interesantes las manifestaciones de música popular que se dan en la comunidad rural, como la muestra anual de dulzaina que se celebra en Cardeñosa, coordinado por Asun García mediados de agosto, igual muestra que se tenía lugar en Vega de Santa María promovida por su alcalde Modesto Jiménez. Iniciativas a las que se suma la escuela de dulzaina de Gotarrendura, heredada por el grupo ‘Aires de la Moraña’, integrada también con miembros de Muñochas y otras localidades.

El nacimiento del grupo ‘Badut’ (acrónimo de baile, dulzaina y tamboril) por los jóvenes Javi, José María, Lorenzo Juan Carlos e Isaac, con herencia familiar en Ávila, Pozanco, Santo Domingo de las Posadas y Velayos, es buen ejemplo de continuidad de una larga tradición musical, lo mismo que el «Certamen de dulzaina Félix El Talao» que, auspiciado por la Diputación de Ávila, se celebra rotatoriamente en los pueblos de la zona desde 2016.

Como ejemplo, entonces, del arraigo de la música de dulzaina y tamboril, la cual hoy continúa amenizando la multitud de actos festivos que se celebran en los pueblos, sirva la trayectoria vital de Aureliano Muñoz ‘Polilo’ y Modesto Jiménez Arribas, que estuvieron más de medio siglo musicando todo tipo de actuaciones festivas, lúdicas y religiosas, siendo asiduos protagonistas de romerías, procesiones, bailes, pasacalles y otros eventos.

Aureliano Muñoz (1929-2019) y Modesto Jiménez (1932-2020) formaron pareja musical con el nombre de «Los Polilos», un apodo familiar heredado por este último de generación en generación unido al oficio familiar. Aureliano era hijo del molinero de Pozanco, Jesús Muñoz «Polilo», quien aprendió la técnica de la dulzaina de Agapito Marazuela.

En cuanto a Modesto Jiménez, natural de Vega de Santa María, este se quedó huérfano de padre a muy temprana edad y pronto aprendió a tocar el tamboril de su abuelo, Modesto Arribas, conocido como el tío Ronda, afamado guarnicionero y albardero, quien fue uno de los mejores redoblantes de la época. Él fue quien acompañó con su tambor al dulzainero Marazuela en el concurso musical de Valladolid en 1922, donde también estuvo presente Jesús Muñoz «Polilo».

El ambiente musical que respiraron entonces Aureliano y Modesto desde su infancia pronto despertó en ellos una gran afición por la música de dulzaina y tamboril que escuchaban frecuentemente en sus casas, y en este clima familiar se notaba especialmente la atracción y la influencia del maestro Marazuela, con quien, a su vez, Jesús Muñoz y Modesto Arribas mantenían lazos de amistad y estudiaban ritmos y melodías. Por ello, llegados a este punto bien merece detenernos en la figura de Agapito Marazuela.

Agapito Marazuela Albornos (1983-1991) nació en 1891 en Valverde del Majano (Segovia), donde su padre era arriero y trajinante. Pronto sobresalió como instrumentista de guitarra y dulzaina, triunfando en España y París, destacando después como intelectual, hombre de cultura, músico y artista. En 1932 ganó el primer premio del Concurso Nacional de Música Folklórica con el Cancionero de Castilla la Vieja, y al año siguiente, recorrió la provincia de Avila recopilando cantos y tonadillas de Cardeñosa y otros pueblos.

Durante la República, Agapito Marazuela se significó como un hombre de izquierdas y militante comunista. En 1937, en plena guerra civil, asumió la dirección de los grupos folclóricos españoles en la Exposición Internacional de París, por lo que terminada la contienda fue encarcelado.

Al salir de la prisión poco después en régimen abierto, Agapito se retiró al molino de Pozanco de Jesús Muñoz, su amigo y alumno. Periódicamente tenía que preentarse en el cuartel de la Guardia Civil de Mingorría, lo que aprovechaba para visitar la casa de los chocolateros y tocar la guitarra en compañía al laúd de su amigo Antonio Marugán.

En este tiempo, empezaba a destacar en Vega de Santa María la habilidad musical del niño Modesto, y Agapito bromeaba con su abuelo, el «tío Ronda», diciéndole: –«Déjeme al muchacho, que le hago un hombre». Pero el abuelo no sacó la cara, pues seguro que le quitaba el oficio, lo que no impidió que Modesto aprendiera a tocar el redoblante. Más tarde, los jóvenes músicos Aureliano y Modesto pronto formaron pareja, si bien en un principio lo fue de una manera después lo fue de una manera estable, tanto que estuvieron más de tres décadas juntos.

Por su parte, Aureliano Muñoz, nacido en el pueblo de Velayos el 16 de junio de 1929, donde vivían sus abuelos, a muy temprana edad se trasladó al molino que explotaba su padre en el vecino pueblo de Pozanco. En esta parte de la ribera del Adaja, frente a la dehesa de Olalla de Zorita-Mingorría, la familia de los «Polilos» poseía los molinos «El Cubillo», «Viejo» y «Canongía».

En este último molino vivió Aureliano y aquí aprendió, siendo niño, las primeras notas de dulzaina de su padre Jesús Muñoz, quien había tenido como maestros al «tío Monique» de Albornos y, sobre todo, a Agapito Marazuela. Con Marazuela, el joven Aureliano de 13 años aparndió a leer y escribir música y a perfeccionar la técnica del instrumento con el método de «El progreso musical». Por ello,ue Aureliano se encontraba en el pequeño grupo de los dulzaineros que leen y escriben música. Agapito Marazuela también enseñó a leer y escribir a María, la hermana pequeña de Aureliano, a la vez que pasaba otros momentos pescando y tocando la guitarra.

Aureliano Muñoz es quizás el alumno más aventajado de Marazuela. Ya con 15 años, empezó a acompañar a su padre en distintas actuaciones por los pueblos, donde el baile amenizado por la música de dulzaina y tamboril era una de las principales atracciones festivas.

Tras la muerte de su padre, Aureliano actuaba sólo o acompañado de otros tamborileros, entre ellos Crescencio «Siete Almuerzos», Eutiquio de Avila, Cecilio y Francisco Navas «Ojetete» de Maello. El propio hijo de Aureliano, Jesús Muñoz, también acompañó con el tambor a su padre hasta que, desgraciadamente, falleció a los 26 años.

Entre los premios y galardones recibidos por Aureliano destaca el primer premio del Certamen Nacional de dulzaina de Palencia en las ediciones de 1965 y 1966 acompañado a la caja por Francisco Navas ‘Ojetete’, con cuyo motivo grabó un disco de cinco piezas titulado «Jotas castellanas». Por su particular arte, Aureliano también fue el ganador del certamen de El Espinar de 1973 y del concurso nacional de dulzaineros de Medina del Campo en 1974.

En 1991, el ayuntamiento de Mingorría honró a los ‘Polilos’ con una placa de reconocimiento a su trayectoria musical. En 2012, Aureliano fue nombrado hijo adoptivo de Santo Domingo de las Posadas, donde una calle lleva su nombre desde 2018. El pueblo de El Oso también homenajeó a Aureliano en 20154, y qn 2017, Aureliano y Modesto fueron galardonados con el «Premio de Folclore Europeo Agapito Marzuela», otorgado la ‘Ronda Segoviana” en 2017.

Por último, apuntamos que el repertorio que tocaba Aureliano está tomado del cancionero de Marazuela, al que hay que sumar la música escrita por «Los Talaos» y las partituras de los temas recopilados por el mismo. La dulzaina que utilizaba habitualmente la compró en 1941 por doscientas pesetas y perteneció al «tío Fermín» de Montuenga (Segovia).

Es una dulzaina de ébano y la fabricó Ángel Velasco, por lo que contará unos cien años. Además, Aureliano conservaba con cariño la dulzaina de Agapito Marazuela, de quien la recibió como herencia, y ahora la toca con verdadero virtuosismo su nieto José María Palacios Muñoz, músico de conservatorio y miembro del grupo ‘Badut’, al tiempo que su bisnieto ya maneja los palillos.