
I. REYES.
La visita de los reyes españoles a los pueblos de la ribera del Adaja, aunque esporádica, merece recordarse en la pequeña historia de esta tierra. Entre estos monarcas reyes cabe citar a Juan II de Castilla, Alfonso de Ávila, Isabel la Católica, José Bonaparte, Isabel II, y Alfonso XIII y su esposa doña Victoria. El trayecto de Ávila-Arévalo fue un itinerario realizado con asiduidad por los reyes castellanos, pasando por Cardeñosa, Peñalba, Las Berlanas y Gotarrendura. Un apartado especial es el dedicado a Alfonso de Ávila, que falleció en Cardeñosa. El ferrocarril revolucionó las comunicaciones entre los pueblos durante el siglo XIX, significando aquí las paradas de Mingorría y Velayos que inauguró Isabel II. Finalmente, la abundancia de caza en Aldealgordo (Tolbaños) cautivó a Alfonso XIII.
Los reyes castellanos que dieron renombre a las villas de Arévalo y Madrigal de las Altas Torres, y a la ciudad de Ávila utilizaban en sus desplazamientos la actual carretera que pasa por Gotarrendura, Las Berlanas y Monsalupe, Peñalba y Cardeñosa. El rey Juan II guerreó en 1441 contra los navarros en las inmediaciones de Cardeñosa, y la trágica muerte de Alfonso de Ávila, “rey de Castilla”, hijo de Juan II, ocurrió en la villa en el año 1468, por cuyo motivo visitó el lugar su hermana, la futura reina Isabel la Católica.
El último día de junio del año 1468, la comitiva real de don Alfonso de Castilla, salió de Arévalo con dirección a Toledo para defender la ciudad frente a su hermano Enrique IV, con quien se disputaba el reino. La comitiva llegó de anochecido a la aldea de Cardeñosa. Para cenar el rey tomó una trucha empanada, pero nada más probar bocado, le invadió un profundo sopor del que nunca se despertó. Alfonso permaneció en coma hasta el día 5 de julio, día oficial de su fallecimiento. Mucho se ha especulado sobre la muerte de Alfonso, «unos dicen que murió de pestilencia y otros de yerbas que le dieron en una trucha», sin descartar que la muerte le fuera provocada.
El infante don Alfonso nació en Tordesillas el 15 de noviembre de 1453, hijo del rey de Castilla Juan II y de su segunda esposa Isabel de Portugal. Dos años antes había nacido en Madrigal de las Altas Torres la infanta Isabel, quien se convirtió después en la reina Isabel la Católica.
El 30 de noviembre de 1464 Alfonso fue proclamado príncipe heredero del trono de Castilla, regentado entonces por su hermano Enrique IV. Meses más tarde, el 5 de junio de 1465, los nobles descontentos, reunidos en la ciudad de Ávila, llevan a cabo el destronamiento del rey, a la vez que proclaman al príncipe Alfonso con el título de Alfonso XII, rey de Castilla, acontecimiento que se conoce como «la farsa de Ávila». Como recompensa, el concejo y el cabildo abulenses fueron receptores de importantes privilegios y mercedes, y defendidos de las apetencias nobiliarias. Alabado por cronistas y poetas, Alfonso era una criatura en manos de nobles rebeldes y ambiciosos cuando fue alzado rey. Durante los tres años de reinado de Alfonso existe una situación de guerra civil entre sus partidarios y los de Enrique IV.
La guerra se mantiene con sucesivas treguas que dan pie a negociaciones sin éxito, por lo que la muerte misteriosa de Alfonso puso fin al panorama desolador que sufría Castilla. Así, firmada la paz el 19 de septiembre de 1468, la infanta Isabel fue proclamada heredera al trono como sucesora de Enrique IV en la «Venta de los Toros de Guisando».
A la muerte del rey, el 11 de diciembre de 1474, Ávila celebra los honores fúnebres y proclama a doña Isabel como reina: «Alfonso, titulado rey Alfonso XII, no ha sido considerado como tal en la sucesión de los monarcas españoles. Acaso, dada su vinculación con Ávila, en donde se crió, fue alzado, instaló su Corte y finalmente murió. Algunos historiadores le han denominado rey de Ávila, pero reinó en Castilla paralelamente con Enrique IV», concluye María Dolores Carmen Morales Muñoz, autora del libro «Alfonso de Ávila, rey de Castilla».
También por esta misma ruta pasó la comitiva fúnebre de Isabel la Católica en 1504, cuando era trasladada desde Medina del Campo, donde murió, hasta Granada, donde recibió sepultura. Otro cortejo fúnebre llora do con profunda pena en su recorrido por las calles de estos pueblos fue el que trasladó en 1528 el cuerpo de doña Beatriz de Ahumada, madre de Santa Teresa de Jesús, desde Gotarrendura hasta Ávila. En ambos casos las crónicas hacen especial referencia a las muestras de profundo pesar por los habitantes de estos pueblos.
Felipe III, el 10 de septiembre de 1617, confirmó los oficios de fieles de Cardeñosa, que afectaba a los envíos a la capital menudos de cabras y otros mantenimientos para venderse en el Mercado Chico y en el Mercado Grande, donde también acudían las panaderas de Mingorría.
Llama la atención en Velayos, a las afueras del pueblo, una fuente muy buena con dos caños construida en tiempos del rey Carlos IV, donde una inscripción realizada en la obra granítica identifica claramente la fecha del reinado al que accedió en 1789. La fuente servía también a los antiguos lavaderos públicos, y todo el conjunto ha sido recientemente rehabilitado como centro cultural.
José Bonaparte, rey de España durante 1808-1813, impuesto por su hermano Napoleón el emperador de Francia, pernoctó en la casa-palacio del Duque de Montellano en Blascosancho al terminar la guerra de la independencia, coincidiendo con la retirada de las tropas francesas.
Durante el siglo XIX España sufrió una larga contienda civil conocida como las guerras car- listas (1833-1874), provocada por los seguidores del infante don Carlos, quien tomó el título de Carlos V rey de España en representación de la tradición monárquica y religiosa. Aunque el infante don Carlos no llegó a visitar estas tierras, su causa fue defendida por una parte destacable de la población de Velayos y Mingorría. El Ayuntamiento de este último pueblo se negó a jurar la Consitución de 1869, lo que provocó el destierro de los seguidores carlistas de la localidad, según publicó el Boletín Oficial de la Provincia de 1 de septiembre de 1874.
El año 1864 la reina Isabel II inauguró en San Sebastián la línea férrea Madrid-Irún, la cual tenía estaciones en la capital abulense, Mingorría y Velayos. Al año siguiente Isabel II visitó la ciudad de Ávila y pasó también por Mingorría y Velayos entre otros lugares, depositando en la Tesorería de la Hacienda Provincial 20.000 reales para los pobres y enfermos necesitados de los pueblos del tránsito. Así, el libro de sesiones del Ayuntamiento de Mingorría reseña en el acta de 19 de noviembre de 1865 el repartimiento de 890 reales para los 41 beneficiarios de la localidad, la cual contaba entonces una población de unos 1.200 habitantes.
El rey Alfonso XII pleiteó con Cardeñosa en 1877, al ordenar el traslado a Ávila del verraco encontrado en el castro de las Cogotas, siendo necesario el uso de las armas para cumplir la orden de traslado. El 2 de julio de 1907, los reyes don Alfonso XIII y doña Victoria, asiduos viajeros por la línea férrea que pasa por Mingorría y Velayos, visitaron la dehesa de Aldealgordo, sita en Tolbaños, alojándose en la casa señorial del marqués de Torrecilla. Fue una gran jornada de caza de jabalíes entre los tupidos encinares que baña el Voltoya. Como testimonio de este viaje se conserva en casa del marqués una detallada inscripción grabada en azulejo cerámico.
II. ANTIGUOS MINISTROS Y POLÍTICOS.
No fueron muchos, pero sí significativos, los ministros y políticos españoles que han tenido alguna relación con los pueblos de la ribera del Adaja. Su nombre sobresale en el anonimato de las gentes del medio rural, por lo que cualquier detalle biográfico en el que aparezca la cita toponímica de dichos pueblos sirve para situarles en la historia. Por anécdotas y lugares, reseñamos a insignes personajes relacionados con estas tierras, los cuales destacaron por motivos políticos y económicos en una primitiva sociedad agraria conformista con su destino. Así, en esa tarea, sobresalen nombres como Martín Carramolino, León Castillo, Celedonio Sastre, Bermúdez Reina, Nicasio Velayos, Silvela, Sánchez Albornoz, José Giral, Francisco Barnés, «La Pasionaria» y Pilar Primo de Rivera.
CARRAMOLINO.
Juan Martín Carramolino (1805-1881), natural del pueblo de Velayos, en 1839 fue elegido diputado a Cortes por Ávila y nombrado Ministro de Gobernación en el gabinete de Pérez de Castro durante la regencia de María Cristina. Carramolino tiene una merecida calle dedicada en la capital y en su pueblo natal con la que se honra el gran prestigio de su figura, pues fue catedrático, historiador, diputado, senador, académico y autor de obras jurídicas e históricas, entre las que destacan: Método actual de la sustanciación civil y criminal en la jurisdicción real ordinaria, Elementos de Derecho canónico, Manual de la historia de la Iglesia, La Iglesia de España económicamente considerada, Historia de Ávila, su provincia y obispado, y Guía del forastero en Ávila. Historia de Ávila, su Provincia y Obispado (1872). Su biografía y relación con Velayos ha sido bien estudiada por su paisano Lucrecio Nieto.
SILVELA.
Los colonos y jornaleros agrícolas de Cardeñosa y Mingorría apenas conocieron al nuevo ilustre propietario de las tierras que trabajaban de generación en generación. El dueño era Francisco Agustín Silvela Blanco (1803-1857), Ministro de Gobernación y de Gracia y Justicia en 1845, catedrático, diputado, senador, magistrado y Gobernador Civil de Ávila. Este patriarca de los Silvela compró en 1842 en Mingorría una suerte desamortizada, de las cuatro en que se enajenó una finca de las Agustinas de Gracia de 77 hectáreas. Del linaje de los Silvela, también es destacable la figura de Mariano Silvela Aboín, bisnieto de Francisco Agustín, quien por su arraigo en Cardeñoa una plaza lleva su nombre.
CELEDONIO SASTRE.
Los encinares y pinares de Zorita de los Molinos y una importante explotación agropecuaria, fueron patrimonio del abogado y administrador don Celedonio Sastre Serrano (1842-1930), cuñado del filósofo Jorge Santayana. También fue productor de vinos, consiguiendo importantes premios internacionales con los vinos de Zorita. Su primera incursión política se produjo en 1868 como integrante de la Junta Revolucionaria de la ciudad de Ávila, constituida con el fin de regenerar la política, defender la libertad y la soberanía nacional y desterrar la dominación abominable del reinado de los Borbones. En 1877 fue elegido Alcalde de Ávila, desempeñando después la presidencia de la Caja de Ahorros de Ávila y del Casino Abulense.
En Mingorría una calle lleva su nombre en agradecimiento a la donación de unos terrenos que hizo para construir escuelas.
La revolución que defendía el joven Celedonio dio origen a la Constitución de 1869, la más progresista de las habidas hasta la fecha. Sin embargo, el alcalde y los concejales de Mingorría elegidos por sufragio universal renegaron de la misma e hicieron constar en sesión del 27 de junio de 1869: «Que acatan y respetan todas las leyes votadas en las Cortes Constituyentes, pero que su conciencia no les permite jurar la Constitución sancionada por razones puramente religiosas».
El artículo 21 de dicha Ley fundamental garantizaba a los españoles que profesasen una religión distinta de la católica y a los extranjeros residentes en España el ejercicio público y privado de cualquier culto sin más limitaciones que las reglas universales de la moral y del Derecho. Frente a ello, la postura del Ayuntamiento de Mingorría reflejaba entonces la huella que dejó la Constitución de 1869, donde la religión fue un motivo más para la división y la discordia civil.Y así, ante la reseñada negativa a jurar la Constitución de los concejales, el Gobernador Civil de la provincia ordenó el cese de todos los ediles y la imposición de una multa de 40 escudos, a la vez que nombró directamente una nueva corporación.
LEÓN CASTILLO.
León Castillo Soriano, casado con Rafaela García Gordo, fue comisionado superior de Ventas de Bienes Nacionales en Ávila (1856), prestamista del ferrocarril, representante del Banco de España, compró muchas fincas en la desamortización, entre ellas, la dehesa familiar de las Gordillas en Maello, y en 1877 figura entre los mayores contribuyentes. Esta familia, emparenta después con las de Paz y Salvadiós, reunió uno de los primeros patrimonios agrarios y poder político en Ávila.
En 1871 León Castillo Soriano fue elegido Diputado provincial por Velayos. Antes había sido Alcalde de Ávila en 1864, y fue decisiva su participación en la construcción del ferrocarril en el tramo Mingorría - Las Navas del Marqués, para lo que adelantó dinero al contratista por medio de un francés residente en Mingorría llamado Louis Donizean. Los hijos de León Castillo heredaron tres cuarteles de la dehesa de las Gordillas en los sectores de Velayos, Saornil y Maello, adquiridos durante la desamortización eclesiástica por su primo Ramón Soriano Pelayo.
Su hijo, Ramón Castillo, fue abogado del Estado y terrateniente, ejerció de abogado en Ávila desde 1884, contribuyó a sostener el Casino Hijos del Trabajo y ocupó los cargos de la Diputación en 1892-1893, decano del Colegio de Abogados y director del Banco de España de Ávila en 1901, diputado a Cortes en la elecciones de 1893, 1901 y 190, y senador en las convocatorias de 1907 y 1916 por la provincia de Ávila. También encabezó el bloque republicano de izquierdas en 1908 y ss. en el que militaba el profesor del Instituto de Ávila Francisco Barnés Salinas.
BERMÚDEZ REINA.
Todavía siguen siendo un misterio las razones últimas que llevaron al Ministro de la Guerra en 1890 con Sagasta, el general Eduardo Bermúdez Reina (1831-1899), a construir una finca de recreo rodeada de viñas en Zorita de los Molinos guardada por el tío «Perniles», donde edificó también una hermosa capilla panteón, llamada «Villa Julia» dedicada a su esposa. Actualmente, el caserío se conoce como «El Chorrito». La capilla fue diseñada por el arquitecto municipal de Ávila Ángel Barbero, siendo construida por Antonino Prieto, académico, contratista y restaurador de las murallas de Ávila, la basílica de San Vicente, el palacio de Polentinos y el puente de Ávila sobre el Adaja. Bermúdez Reina nació en Sevilla y fue diputado, gobernador militar de Bilbao y luchador contra los carlistas, ministro del Supremo de Guerra y Marina, fiscal militar y escritor.
En Mingorría, el general Bermúdez Reina conoció a antiguos seguidores de don Carlos, los más pudientes del pueblo. Por tal motivo, estuvieron desterrados al terminar la guerra carlista que ganó el general, el médico, el notario y acaudalados labradores. Y, paradojas de la historia, mientras medio pueblo lloraba el destierro de los carlistas de la localidad, la otra mitad festejaba el fin de la guerra con repique de campanas, tirada de cohetes y bailes públicos, tal y como se recoge en las actas municipales de febrero y marzo de 1876. Un año antes, el pueblo también había festejado la proclamación del rey Alfonso XII.
En sus visitas, el general Bermúdez Reina se hacía afeitar en Mingorría por el barbero Ángel Álvarez; aunque en un primer momento le confundió con un carbonero, dado su aspecto, después siempre solicitaba sus servicios. Y al igual que lo hacía Bermúdez Reina, también visitaba estas tierras el Presidente del Gobierno don Mateo Práxedes Sagasta (1825-1903), con quien el general había compartido gabinete ministerial. Sagasta tenía casa en Ávila, en la plaza del Mercado Grande, y en ella solía pasar los veranos, tiempo éste en el que coincidía con su antiguo ministro, según ya hemos escrito en otra ocasión (DAV, 13/11/2017).
NICASIO VELAYOS.
Nicasio Velayos y Velayos (1877-1951) tenía su herencia familiar en el pueblo de Cardeñosa, por lo que no es de extrañar su participación como diputado en los actos de 1917 conmemorativos del centenario de la venerable María Vela, natural de dicho pueblo.
Este abogado y político fue Diputado conservador por Ávila en todas las elecciones que se sucedieron desde 1916 por el Partido Agrario, llegando a ser nombrado Ministro de Agricultura en 1935. En Mingorría se le recuerda por su promesa electoral, que se cumplió, con la reconstrucción del puente que cruza el río Adaja en Zorita de los Molinos.
Nicasio Velayos fue un reputado abogado penalista, terrateniente de la provincia de Ávila, con un importante patrimonio inmobiliario adquirido por su familia durante la desamortización del siglo XIX, que fue elegido diputado por el distrito electoral de Ávila, representando al Partido Liberal, de la fracción afecta al Conde de Romanones, en las elecciones de 1916, 1918 y 1923. En agosto de 1913 fundó el periódico de ámbito local, El Liberal de Àvila. Tras proclamarse la Segunda República obtuvo escaño en Cortes por la circunscripción de Ávila en las elecciones de 1931, 1933 y 1936 en las que participó como miembro del Partido Agrario. Fue ministro de Agricultua en el gobierno que presidió Alejandro Lerroux desde el 6 de mayo al 25 de septiembre de 1935. Entre sus medidas más importantes al frente del ministerio, elaboró la Ley para la Reforma de Agraria, que presentó el 3 de julio de 1935.
CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.
Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984) pertenecía al partido Acción Republicana, de Manuel Azaña. Aquí recordamos que fue Azaña quien tradujo La Biblia de España (Ed. Jiménez Fraud, 1921), de George Borrow, donde se cuenta como el alcalde y el cura de Velayos, acusados de carlistas, detuvieron en agosto de 1838 al criado del autor inglés. Don Claudio era un republicano de centro izquierda, como lo era el gobierno municipal de Mingorría, no así la mayoría de los pueblos cercanos y del resto de la Moraña, y tenía una especial relación amistad con su alcalde, Miguel Camarero, cantero y contratista de piedra, cuya casa solía visitar con frecuencia. Igual relación que la recuerda el mingorriano Ventura Pindado cuando le visitaba con su padre en su casa de Ávila (DAV, 25/08/1883).
Sánchez Albornoz fue un historiador metido a política, y como diputado por Ávila dejó oír su voz en el Congreso en defensa de los campesinos abulenses de Urraca Miguel y Mombeltrán. Además, ocupó el cargo de Ministro de Estado (Asuntos Exteriores) en 1933, embajador en Lisboa y Presidente del Gobierno Republicano en el exilio durante 1962 a 1970. Nació en Madrid, trabajó en el ámbito de los archivos, se licenció y doctoró en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid. Obtuvo la Cátedra de Historia en Madrid en 1919. Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central en 1931 y Rector de la misma en 1932-1933. Miembro del Instituto de Estudios Históricos, fue fundador de la revista Anuario de Historia del Derecho Español. Liberal, republicano, católico y demócrata, fue diputado por Ávila en la República con Acción Republicana; Ministro de Estado con Lerroux y Martínez Barrio; Vicepresidente de las Cortes y Embajador en Portugal.
En 1936, al comienzo de la guerra civil, Claudios Sánchez Albornoz se exilió en Francia y después, en 1940, en Argentina, done impartió docencia en las Universidades de Mendoza y Buenos Aires y desarrolló una intensa actividad en el ámbito de la Historia medieval. Fue depurado en 1939 y condenado por el Tribunal de Responsabilidades Políticas. Entre 1962 y 1971, fue Presidente del Gobierno de la República en el exilio. Pudo volver a España, primero, en 1976 y, definitivamente, en 1983.
Desde 1977, destacó como articulista en la prensa española y fueron numerosos los homenajes y reconcoimeintos que recibió: Doctor Honoris Causa por 6 Universidades y recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación, la Diputación de Ávila y el Ayuntamiento le concedieron la medalla de Oro de la provincia y de la capital, respectivamente, como ya escribimos antes (DAV, 21 y 28/04 y 5 y 12/05/2024. Finalmente, en 2024, la Corporación municipal abulense le restituyó el nombramiento de Hijo Adoptivo que le había sido otorgado en 1924.
JOSÉ GIRAL.
José Giral Pereira (Santiago de Cuba, 1879 - México, 1962), una de las figuras más relevantes del siglo XX, fue farmacéutico de Mingorría a finales de 1901, catedrático de Química, investigador y científico, político militante del partido izquierda republicana, diputado, ministro (1931-1933 y 1936-1939), Presidente de gobierno (1936) y Presidente de la República en el exilio (1945-1947). Su paso por Mingorría fue recordado con honda emoción al ocupar el cargo de Ministro de Marina en 1931, durante el homenaje que se le rindió con tal motivo en el Hotel Palace de Madrid, donde tuvo entrañables palabras para el Ayuntamiento mingorriano y los representantes municipales presentes en acto según las crónicas de la época, como ya comentamos en otra ocasión (DAV, 13/10/2017):
«Al levantarse a hablar el Sr. Giral es saludado con una gran ovación, dándose vivas al ministro farmacéutico. Comienza agradeciendo en el alma el homenaje de que se le hace objeto. Dice que es tanta su emoción, que, aunque pensara, no podría pronunciar un discurso. Recuerda sus primeros años de profesión en que desempeñó el cargo de regente en una farmacia de pueblo [en Mingorría]. Tiene palabras de emoción para el Ayuntamiento de aquel pueblo, que le felicitó a las pocas horas de desempeñar el cargo de ministro» (Diario ABC, 29/10/1931).
FRANCISCO BARNÉS.
Ávila tuvo en Francisco José Barnés Salinas (1877-1947) uno de los más prestigiosos profesores de Geografía, Historia y Arte, que lo fue del Instituto de Ávila en el periodo (1907-1920), donde destacó como un avanzado pedagogo, de quien ya nos ocupamos en otras ocasiones (DAV, 16, 23 y 30/03 y 6/04/2025). Hacia 1910, su cuñada y hermana de su esposa, María Luisa González de la Calle, se casa en Navalmoral de la Mata con el farmacéutico y profesor José Giral Pereira, antiguo boticario de Mingorría, iniciándose desde entonces una estrecha relación familiar y política entre ambos, la cual se acrecienta con el matrimonio de los hijos de los hijos de ambos Petra Barnés y Francisco Giral.
El profesor Francisco Barnés fue un beligerante activista en el Partido Republicano Radical Socialista, siendo elegido diputado por Ávila y miembro de la mesa de las Cortes (1931-1933) y desempeñó el cargo de ministro de Instrucción Pública (1933 y 1936).
En las sucesivas elecciones celebradas en esta época, su particular “carabana electoral” hacía parada en nuestros pueblos, acompañado, a veces, de Sánchez Albornoz, y de sus votantes se conservan numerosas cartas de recomendación en el Centro Documental de la Memoria Histórica (https://pares.mcu.es/ Pares. Portal Archivos Españoles).
Desde su cargo ministerial, Barnés dio un gran impulso a las políticas educativas promoviendo la creación de centros escolares en la capital y provincia, y en toda España, por lo que fue nombrado Hijo adoptivo de Ávila en 1936. Su trayectoria vital siempre estuvo vinculada con Ávila, ciudad donde siempre mantuvo casa abierta, hasta que se exilió en México con la familia. Los monumentos y arquitecturas abulenses fueron el complemento perfecto de las enseñanzas históricas y artísticas que impartió en Ávila y en el Instituto-Escuela (1920-1936), siendo un extraordinario guía de alumnos y maestros en excursiones y visitas culturales por la capital. Sus cuatro hijas, las Hermanas Barnés (Dorotea, Adela, Petra y Ángela), educadas en Ávila en sus primeros años y aquí nacidas dos de ellas, fueron el mejor testimonio de una saga familiar comprometida con el estudio y la investigación y ejemplo del éxito de la mujer en los campos de las ciencias médicas y humanidades, carreras truncadas en España por la guerra civil.
«LA PASIONARIA» Y PILAR PRIMO DE RIVERA.
Para Paul Preston (Las Tres Españas del 36, Plaza & Janés, 1998), Dolores Ibárruri y Pilar Primo de Rivera forman parte del grupo de figuras indiscutibles y relevantes que hicieron la historia de la España de 1936, tanto que las equipara con Franco, Azaña, Millán Astray, José Antonio Primo de Rivera, Madariaga, Indalecio Prieto y Besteiro. En nuestro viaje mágico hemos descubierto pequeños detalles que parecen engrandecer el significado histórico de nuestros pueblos, para lo que acudimos a las siguientes anécdotas.
Dolores Ibárruri «La Pasionaria» (1895-1989) nació en el pueblo minero de Gallarta (Vizcaya), donde coincidió en la escuela con Frutuosa y María Bermejo Lozano, las hijas de José Bermejo, minero emigrante de Santo Domingo de las Posadas, así como con las de otros mineros emigrantes de Mingorría.
Más tarde, Fructuosa se asentó en Mingorría, primero en la casa del curato con su tío, el párroco Don Valeriano Bermejo, y luego al contraer matrimonio con David Gallego Ibarzábal. «La Pasionaria», aunque su padre militó en el carlismo, fue una diputada comunista admirada por los obreros de Mingorría, a los que animaba por radio para resistir, luchar y perseverar en sus ideas frente a los nacionales golpistas. Los lugareños recuerdan especialmente la celebración del primero de mayo de 1936, fiesta del trabajo, donde destacó también la fuerza reivindicadora de las mujeres, tanto que alguna de ellas fue apodada ‘Pasionaria’.
Como fiel reflejo de la división social de la época llama la atención la presencia en Mingorría de Pilar Primero de Rivera (1907-1991), la antítesis ideológica de «La Pasionaria», hija del dictador Miguel Primo de Rivera y hermana de José Antonio, fundador de Falange Española.
Durante 50 años dirigió y mantuvo viva la «Sección Femenina», la organización de mujeres del régimen franquista basada en los valores católicos tradicionales y la defensa de la familia y el hogar. La «Sección Femenina» ocupó así en la postguerra el lugar que durante la república llenaron las «Misiones Pedagógicas», época que coincidió con la creación de la biblioteca de Mingorría.
Dicha biblioteca se constituyó el 4 de septiembre de 1932, siendo alcalde Miguel Camarero Alonso, atendiendo a la iniciativa de promover la lectura popular luchando contra el analfabetismo mediante la siembra de libros y de bibliotecas y al amparo del Decreto, de 13 de junio de 1932, del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, que dirigía Fernando de los Ríos.
Por su parte, Pilar Primo de Rivera destaca en su autobiografía una anécdota de las actividades que promovía su organización: «En 1937 la Hermandad de la Ciudad y el Campo organizó un servicio que consistía en ir a trabajar en el campo para suplir a los hombres que estaban en la guerra. Íbamos a ayudar en grupo de cinco o seis camaradas. Yo fui a trabajar en un campo de Mingorría. Empezábamos a las cinco de la mañana y nos enseñaron a manejar la hoz y a coger, de una cierta manera, con la mano, un montón de espigas para cortarlas de una vez» (Recuerdos de una vida, ed. Dyrsa, 1983).
En otra ocasión, en 1937, una fuerte nevada cortó la carretera, por lo que ese día la posada de Mingorría se llenó de arrieros y viajantes para pasar la noche. Entre los ilustres inquilinos, la posadera Rufina Cid Ibarzábal recuerda a Pilar Primo de Rivera, quien tuvo que hacer un alto para pasar la noche cuando regresaba de Valladolid a Madrid.
Finalmente, la historia reciente nuestros pueblos del Adaja ha dado y traído nuevos personajes, pero el viaje a través de sus trayectorias daría para un nuevo capítulo que conviene trazar en otra ocasión.
PRÓXIMA ENTREGA: Pueblos del Adaja en el entorno de Ávila VI. Santos y obispos.