
Continuando el reportaje que publicamos el domingo pasado dedicado al antiguo Instituto Vallespín, cabe insistir en el llamamiento de quien fuera presidente de las Cortes de Castilla y León, Carlos Sánchez Reyes (Salamanca, 1939), con el fin de componer un entrañable recuerdo de compañerismo en la convención que se celebraría en Ávila antes de fin de año y a la que están convocados todos los alumnos que estudiaron allí y están entre nosotros.
Por nuestra parte, prestamos ahora atención a las que llamamos Grandezas del Instituto y proseguimos la relación de los nombres que allí enunciamos. Y lo hacemos recordando el relato donde anotamos los datos de la creación del Instituto en 1848 en lo que era el convento desamortizado de La Santa, del hito de la inauguración del curso de 1865-1866 por la Reina Isabel II, y de la refundación del centro en 1887 en la calle la Rúa, actual calle Vallespín, de ahí su nombre.
La nueva sede fue el fruto de la permuta propiciada por la Junta de Damas de Santa Teresa, quien la había adquirido y rehabilitado bajo la dirección del arquitecto Repullés y cedido al Estado a cambio de que las dependencias de convento que ocupaba el Instituto pasaran a sus antiguos propietarios, los frailes carmelitas.
Como decíamos entonces, retomamos los nombres de aquellos profesores y alumnos que a lo largo de sus carreras destacaron por su prestigio social y/o por el reconocimiento que merecieron en los más variados campos del conocimiento, la cultura, la política o el deporte. Y reseñamos la gloria que alcanzaron con la idea de que el Instituto forma parte de la herencia que dejaron en sus enseñanzas como profesores, o del legado del que bebieron como estudiantes que luego alcanzaron acreditada reputación en sus respectivas disciplinas.
Igualmente, apuntábamos que se trata de una muestra de agradecimiento a los maestros, y de contagio y orgullo de paisanaje de antiguos compañeros a los que alcanzaron fama, nombradía y especial consideración, algunos de ellos tienen calle dedicada en Ávila e incluso son declarados hijos adoptivos o predilectos de la ciudad. Hemos seleccionado algunos nombres, enumerábamos, aun sabiendo que hay muchos más que también merecen igual o mayor distinción en estas líneas, lo cual es lógico entre cientos y miles de profesores y alumnos que pasaron por el viejo Instituto a lo largo de su historia.
En el reportaje anterior ya hablamos de Juan Guerras, Leoncio Cid Farpón, Manuel Bartolomé Cossío, y Joaquín Arnáu. Ahora, en esta segunda entrega, damos paso a Teodoro de san Román, Francisco Barras de Aragón, Francisco Barnés Salinas, Arturo Duperier, Benigno Lorenzo Velázquez, José Sánchez Merino, Juan José Martín Rodríguez, José Belmonte Díaz y Rafael Gómez Montero.
1887-1891. SAN ROMÁN MALDONADO, Teodoro de (León, 1850 – Toledo, 1933).
Tras doctorarse en Filosofía y Letras por la Universidad Central, y ya con los títulos de Magisterio elemental, superior y normal, Teodoro de San Román se licenció en Derecho civil y canónico, llegando a ejercer como abogado, esporádicamente.
Fue catedrático de Geografía e Historia y director del Instituto de 2ª Enseñanza de Ávila, donde llegó en 1887 después de ejercer en Teruel, Zaragoza, Guadalajara, Reus (Tarragona) y Cuenca.
En 1878 contrajo matrimonio con Amparo Fernández, con quien tuvo siete hijos: Pilar, Natalio, Rafael, Francisco de Borja (historiador nacido en Ávila), Teresa (en honor a La Santa abulense), Amparo y Teodoro. En 1888 es nombrado académico correspondiente de Ávila de la Real Academia de la Historia.
En 1891 se incorporó como catedrático al Instituto de Toledo, donde publicó material didáctico para los estudiantes (“Primero y segundo curso de geografía o elementos de geografía astronómica, física, política y descriptiva”, 1894).
Como investigador se interesó por la Castilla medieval (“Los albores de la monarquía española, 1901), la personalidad de Cisneros (” Personalidad histórica de Cisneros”, 1918), y las ruinas del convento de La Salceda (Guadalajara), el reinado de Alfonso X el Sabio (“Examen crítico del reinado de Alfonso X El Sabio, 1922), y escribió sobre el arzobispo toledano Valero y Losa. En 1914 fue vicepresidente de la comisión ejecutiva del Centenario del Greco.
Fue concejal conservador de Toledo durante las dos primeras décadas del siglo XX, desde donde impulsó varias medidas relacionadas con el patrimonio monumental y el urbanismo. También fue académico correspondiente y director de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de dicha ciudad.
1899-1902. BARRAS DE ARAGÓN, Francisco (Sevilla, 1869 - Sevilla, 1955).
El profesor Francisco de las Barras de Aragón ejerció como catedrático de Historia Natural del Instituto de segunda enseñanza de Ávila durante los cursos de 1899 a 1902. Fue un prestigioso científico que destacó como naturalista, antropólogo, etnógrafo, arqueólogo, académico de Bellas Artes y comisionado de monumentos.
Durante su estancia en Ávila realizó interesantes reportajes de la ciudad, como los titulados “Los cerdos y toros de Ávila: unos monumentos misteriosos” (“Alrededor del mundo”, 23/05/1901), y los publicados en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural con el título “Noticias sobre algunos monstruos existentes en el Gabinete del Instituto de Ávila”, y “Algunas observaciones sobre los granitos de Ávila”.
Según su “hoja de servicios”, sabemos que nació en Sevilla en 1869, que se licenció en Derecho en 1890 y en Ciencias Naturales en 1895, que en 1898 obtuvo por oposición la cátedra de Historia natural, siendo su primer destino el Instituto de Palencia.
Y también que era miembro del Ateneo y de la Sociedad Económica de Amigos del País de Sevilla, y de la Sociedad Española de Historia Natural, y que antes había sido profesor auxiliar de la Universidad de Oviedo, donde contactó con Leopoldo Alas “Clarín” y los profesores de la Institución Libre de enseñanza.
En 1900 publica artículos sobre los restos óseos de varios yacimientos prehistóricos en los “Anales de la Sociedad española de Historia Natural”, y publica el libro “Descripción geológico-mineralógica de la provincia de Sevilla”. El 5 de diciembre de 1899 cesa en el Instituto de Palencia por traslado al de Ávila.
En este tiempo, participa en el Congreso de Antropología y Arqueología Prehistóricas de París, y desde noviembre de 1901 hasta mayo de 1902 cuando es comisionado para organizar la Sala de Minerales de España del Museo Nacional de Ciencias Naturales.
En 1902 se traslada al instituto de Huelva, y años después, deja el instituto y regresa a la universidad como catedrático en Oviedo (1907), Cádiz (1911), Sevilla (1913), donde fue alcalde, y Madrid (1919), siendo nombrado director del Museo de Antropología Nacional en 1929.
Finalmente, anotamos que de la figura de Francisco Barras de Aragón nos hemos ocupado en estas mismas páginas en otra oportunidad (DAV, 14/03/2014).
1907-1920. BARNÉS SALINAS, Francisco (Algeciras, 1877 – Ciudad de México, 1947).
Ávila tuvo en Francisco José Barnés Salinas (1877-1947) uno de los más prestigiosos profesores de Geografía, Historia y Arte, que lo fue del Instituto de Ávila en el periodo (1907-1920).
Aquí, en la calle Duque de Alba (calle Pi y Margal durante la república), nº 10, 1º dcha., se asentó la familia Barnés-González con los niños Francisco (nac. 1902), Urbano (1903), Dorotea (1904) y Domingo (1906). Más tarde nacieron Adela (1908), Petra (1910), Ángela (1914), Juan (1915) y Pedro (1920 †), siendo los mayores alumnos del Instituto.
Francisco Barnés destacó como un avanzado pedagogo, y como un beligerante activista republicano.
Fue elegido diputado por Ávila y miembro de la mesa de las Cortes (1931-1933) y desempeñó el cargo de ministro de Instrucción Pública (1933 y 1936).
Dio un gran impulso a las políticas educativas promoviendo la creación de centros escolares en la capital y provincia, y en toda España, por lo que fue nombrado Hijo adoptivo de Ávila en 1936, hasta que se exilió en México con la familia, donde falleció.
Los monumentos y arquitecturas abulenses fueron el complemento perfecto de las enseñanzas históricas y artísticas que Barnés impartió en Ávila y en el Instituto-Escuela de Madrid (1920-1936), siendo un extraordinario guía de alumnos y maestros en excursiones y visitas culturales por la capital.
Sus cuatro hijas, las Hermanas Barnés educadas en Ávila en sus primeros años, fueron el mejor testimonio de una saga familiar comprometida con el estudio y la investigación y ejemplo del éxito de la mujer en los campos de las ciencias médicas y humanidades, carreras truncadas en España por la guerra civil.
Por último, apuntamos que a la figura de Francisco Barnés le hemos dedicado cuatro amplios reportajes en este mismo Diario, cuya lectura ilustra sobradamente la importancia de su personalidad para la historia abulense (DAV, 16 y 23 y 30/03 y 6/04/2025).
1908. DUPERIER VALLESA, Arturo (Pedro Bernardo, Ávila, 1896 – Madrid, 1959).
Era hijo del boticario de Pedro Bernardo, don Alfredo Duperier y de la maestra, doña Eugenia Vallesa.
Estudió las primeras letras con su madre. Inició el bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, y a partir de 1908 continúa y termina en el Instituto de Ávila.
En 1919 se licenció en Ciencias Químicas y Ciencias Físicas en la Universidad Central donde en 1924 se doctoró en al tiempo que ingresa por oposición en el Servicio Meteorológico de Madrid.
En 1930 amplía sus conocimientos de electricidad atmosférica en París.
En 1933 accede a la cátedra de Geofísica de la Universidad de Madrid, y durante este periodo realizó estudios sobre meteorología y magnetismo, aunque fueron mucho más famosos sus estudios sobre la radiación cósmica. Durante la Guerra Civil apoyó a la causa republicana y al terminar la contienda se exilió a Londres.
En la Universidad de Manchester preparó una nueva técnica que permitió relacionar las variaciones diurnas de intensidad de la radiación cósmica con la actividad solar.
En 1953, el Departamento de Investigaciones Científicas y el Imperial College le donaron las instalaciones creadas por él, como homenaje de reconocimiento a su labor; este mismo año regresó a España y se reintegró en su cátedra de la Universidad de Madrid.
En 1955 expuso en el Congreso Internacional de Rayos Cósmicos procedimientos para localizar y estudiar los rayos cósmicos, disciplina que se convirtió después en física de partículas elementales.
En 1958 participó en el Congreso Internacional de Edimburgo exponiendo “Nuevo método para el cálculo de los fenómenos de interacción entre las partículas dotadas de altísimas energías y de sus trayectorias”.
En 1959 falleció dejando muestra de sus investigaciones en una amplia lista de estudios y monografías, sobre cuya obra la Diputación de Ávila publicó “Arturo Duperier:
Mártir y mito de la ciencia española” (IGDA, 1996), título también de una exposición conmemorativa que tuvo lugar en Pedro Bernardo y en Ávila en mayo de 2019 (DAV, 17/05/2019).
Finalmente, en la capital abulense, una calle, un centro de educación infantil y primaria (CEIP) y una residencia y albergue juvenil llevan su nombre, lo mismo que el Premio Diputación de Ávila de las Ciencias que reconoce aportaciones sobresalientes e innovadoras de carácter científico.
1911-1917. LORENZO VELÁZQUEZ, Benigno (Ávila, 1901- Arenas de San Pedro, Ávila, 1985).
Médico, catedrático y farmacólogo. El profesor Benigno Lorenzo, fue Decano honorario de la Facultad de Medicina de la Complutense y presidente de la Real Academia de Medicina, tal y como subtitula su libro Memorias. Enseñanzas de una vida (1984), donde cuenta:
«Abulense de nacimiento y de corazón, tuve la suerte de no tener que salir de ella hasta haber aprobado la segunda enseñanza…
En el Instituto de Ávila un profesor que me dejó marcada huellas, por su calidad y vocación fue el que nos explicó química, profesor José La Puente Larios que unía, al título de catedrático de química del Instituto el de farmacéutico.
En Ávila nunca se había explicado la química de una forma tan clara y convincente. Las prácticas de tal disciplina se vieron, por primera vez, en dicho Instituto.
Eran sugestivas y calaron hondo en nuestras mentes de alumnos de 16-17 años.Todavía recuerdo aquel improvisado laboratorio situado en una habitación al norte, donde enfundado en un gabán y guantes, resistíamos muchos días del invierno los 6º y 7º bajo 0».
Obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y de doctorado en 1925 con la resistíamos tesis “Absorción de la adrenalina por las distintas vías de administración”, y en 1929 la Cátedra de Terapéutica y Farmacología de la Facultad de Medicina de Zaragoza, trasladándose en 1941 por concurso a la Complutense de Madrid, destacando entonces ya por sus trabajos en el campo de la obstetricia y la farmacología.
Una de sus aportaciones más importante fue el libro “La Terapéutica con sus fundamentos de Farmacología Experimental” (1930), Se trataba de una Farmacología con aplicación terapéutica, incluyendo un estudio completo de todos los medicamentos utilizados, profundizando en su acción, eficacia y efectos adversos.
Un segundo libro también de gran impacto fue el “Formulario con sus fundamentos de Terapéutica Clínica” (1932). Otros obras a destacar son “Histamina y terapéutica histamínica” (1949), “Materias sólidas y macromoléculas en Medicina, Cirugía e Higiene” (1953), “Interferencia de tiramina con la acción facilitadora de T.M.10 para la retención de noradrenalina en la aurícula aislada de cobayo” (1968), “Acción de la glicerina y glicerofosfatos sobre el corazón aislado de rana” (1947), “La glicerina, excelente espasmolítico” (1943), “La administración rectal del salicilato sódico” (1939) y “La terapéutica antiflogística en la actualidad” (1970).
En 1960 fue elegido Decano de la Facultad de Medicina de Madrid y en 1962 fundó los Archivos de la Facultad de Medicina de Madrid.
Miembro de Honor de gran número de Sociedades y Academias Hispano-americanas, le fue concedida la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad, la del Mérito Aeronáutico y la Medalla de Oro de la Cruz Roja. Ingresó como Académico de número en la Real Academia Nacional de Medicina en 1945 con el discurso Farmacología de la sedación y espasmolisis uterina, siendo elegido presidente en 1977.
Finalmente, el Ayuntamiento de Ávila le concedió la medalla de Oro y el título de hijo predilecto de la ciudad, además de contar con una calle dedicada a su figura.
1912 y 1940. SÁNCHEZ MERINO, José (1903-1968).
Sánchez Merino primero fue alumno del Instituto y luego profesor de Dibujo del centro. Su prestigio se encuentra fuertemente consolidado en Ávila como pintor, y sobre todo como dibujante e ilustrador y caricaturista.
En una primera etapa de su carrera artista se emplea como ilustrador de la revista “Ávila Regional”, después, con veinte años se traslada a Madrid donde como delineante y como dibujante para la Agencia Publicidad Inestrillas y Prensa Española.
En este tiempo acude a la legendaria tertulia del Café Gijón y se integra en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, de la que será Tesorero. En 1930 contrae matrimonio con Pilar Francés, de cuyo matrimonio nace su única hija, Mari Carmen, nuestra querida amiga guardiana de su memoria.
Después de la Guerra y casi desahuciado por enfermedad, en 1940, se establece en Ávila como profesor del Instituto, donde permanece en exclusiva hasta el curso de 1951-1952 en el que compatibilizará el puesto con el de dibujo del recientemente inaugurado Colegio Diocesano Asunción de Nuestra Señora, hasta que tiempo después solo ejercerá en este centro.
En el Instituto coincide con el también profesor de dibujo Guillermo García Saúco, a quien dedicaremos una semblanza en la próxima entrega.
Sánchez Merino ha sido y es el gran ilustrador de la tradición abulense, cuya obra quedó reflejada en numerosos carteles de Semana Santa y de las Fiestas patronales de Santa Teresa, en libros y en todo tipo de publicaciones, aparte de dibujar atractivos motivos publicitarios de establecimientos comerciales y aleluyas de actualidad, así como paisajes y escenografías populares de Ávila.
También dibujó simpáticas caricaturas de personajes abulenses, siendo los más conocidos las que hizo de los participantes en la tertulia periodística que tenía lugar en la trastienda de la confitería artesana y pastelería “La Flor de Castilla”, a la que asistían José Mayoral Encinar, José Mayoral Fernández, Eduardo del Campo, Tomas Yoral, Guido Caprotti, José Sánchez Díaz, José Luis Fernández, César Jiménez Arenas, José Sastre, Mariano Rojas, Joaquín Leirado, Vicente Cutanda, etc.
Sánchez Merino falleció el 17 de febrero de 1968 a los 65 años, y Pedro de Ulaca escribió:
«Entre las personas que han sabido ver Ávila y expresarla de algún modo con amor cuéntase destacadamente don José Sánchez Merino, el dibujante… Su profesión fue dibujante cuando trabajaba con humor juvenil, que en realidad nunca perdió, para Prensa Española, especialmente “Blanco y Negro”. Luego sublimó su arte y fue Sánchez Merino el dibujante por excelencia de Ávila, con plumín, con pincel… Ilustración de acuarela, pintura al óleo…» (DAV, 19/02/1968).
En 1976, los profesores y antiguos alumnos le rindieron un emotivo homenaje póstumo en una exposición memorable que tuvo lugar en el Colegio Diocesano en la que participaron un gran número de artistas que testimoniaron la evolución del arte abulense.
Entre ellos figuraban Florencio Galindo, Vicente Cutanda, Francisco Sánchez, Guillermo Bellod, Javier Carvajal, Enrique Moreno, Díaz Castilla, Miguel Ángel Espí, Antonio Matallana, Javier Paradinas, etc. (DAV, 22/04/1976).
Finalmente, el Ayuntamiento decide dedicar una calle a su figura en el barrio de la Hervencias Altas, y una numerosa selección de más de 150 obras de su variada producción formada por aguadas, dibujos y plumillas fueron expuestos en Ávila en diciembre de 1981, en una muestra retrospectiva organizada por la UNED en el marco del V Curso de Historia del Arte Abulense (DAV, 29/12/1981).
Al mismo tiempo, muchos de sus dibujos son publicados por la revista “Calle Elvira, pregón granadino” que periódicamente editaba el abulense Pedro Gómez Montero, dibujos que iban acompañados de emotivos poemas de varios autores.
Algunos de los títulos de las carpetillas de dibujos son El castillo más fuerte de Castilla, Ávila dibujada, Ronda a la Muralla de Ávila, Retablo abulense, y Trova abulense.
1916-1960. MARTÍN RODRÍGUEZ, Juan José (1890-1969), profesor, catedrático Filosofía y Letras.
Nació en Valladolid y llegó a Ávila en 1916 como profesor numerario de las Escuela Normal de Maestros situada en la calle Vallespín compartiendo espacio con el Instituto (Gaceta, 7/05/1917).
En la siguiente década ocupa el cargo de teniente de alcalde del Ayuntamiento, tal y como figura en las actas municipales de 1925. Años más tarde fue nombrado director de dicha escuela por el director general de Primera Enseñanza, Elías Tormo, (Gaceta, 8/07/1930), autor este de la cartilla de excursionistas por Ávila en 1917.
En dicho cargo fue sustituido por José Martínez Linares (Gaceta, 27/05/1931), quien fue luego nombrado el primer alcalde republicano de Ávila, por cuyo motivo fusilado al comienzo de la Guerra del 36.
En 1932, Juan José Martín y es nombrado vocal del Patronato local de Formación profesional de Ávila en representación de los Centro docentes y del Ayuntamiento (Gaceta, 19/03/1932), y después de la Guerra, pasa a impartir docencia en el Instituto, donde es nombrado, primero auxiliar numerario y luego profesor de la Sección de Letras (BOE, 2/05 y 20/07/1942), a la vez que es designado para el cargo de secretario (BOE, 18/02/1956).
Por su condición de directores de la Escuela de Magisterio, la ciudad homenajeó a Juan José Martín junto a Emilia Martín, quienes propusieron que el dinero de tal homenaje se destinara a la creación de becas a favor de alumnos o alumnas de magisterio que destacaran en sus estudios (Acta municipal de 12/01/1956)
En 1960, Juan José Martín se jubila como profesor (BOE, 4/08/1960).
Falleció, en 1969, lo que así contó El Diario de Ávila: «La noticia triste de la muerte de don Juan José Martín Rodríguez corrió rápida por toda la ciudad donde, D. Juan José, era muy conocido y estimado en todos los sectores sociales… En su actividad docente [fue] catedrático en la Escuela Normal de Magisterio, de la que fue también director, o en el Instituto de Enseñanza Media o en otros Centros, fue profesor de varias generaciones de abulenses, y como presidente del Consejo de Administración de la Caja General de Ahorros y Monte de Piedad, capitaneó numerosas obras de carácter social y de ayuda a los demás, era un hombre de personalidad extraordinaria, un auténtico caballero al que todos querían y respetaban» (DAV, 10/03/1969).
El Ayuntamiento, del que fue concejal, se unió al sentimiento general de pésame y de condolencias, y acordó la nominación de una calle con su nombre.
1931-1940. BELMONTE DÍAZ, José (Ávila, 1922 – Plencia, Vizcaya, 2015).
«Yo viví en Ávila, donde nací, los últimos años de la Monarquía de Alfonso XIII y los de la II República y los de la Guerra Civil», escribió José Belmonte.
Estudió en el Instituto de Ávila, igual que sus hermanos, durante siete años (1932-1940). Su promoción fue llamada la del “Botijo”, una muestra del remate profesional de los niños que conocieron la Guerra y que en su transcurso se iban haciendo hombres, recordó el propio Belmonte en texto titulado «El Instituto de Vallespín en mi memoria» (“Ávila mágica”, 2012).
En este escrito menciona y relaciona a profesores y compañeros de notorias carreras profesionales y otros del llamado “Insti”, junto con anécdotas de aquel tiempo.
Se licenció en Derecho en Valladolid, doctorándose luego en Deusto, donde dio clases como profesor de Historia Contemporánea e Iberoamérica. Ejerció la abogacía en Burgos y en Bilbao.
Escribió una larga lista de libros sobre Ávila y numerosos artículos. Cofundó el Instituto Vascongado de Cultura Hispánica, y en 1958 el Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino de Bilbao (ZINEBI), año en el que también creó y dirigió la I Exposición Internacional de Prensa Iberoamericana en Bilbao.
Entre su producción bibliográfica destacan “Leyendas abulenses” (1947) y “La calle de la Muerte y la Vida” (1951 y 1999). Siguieron interesantes trabajos sobre Ávila en una tarea incansable de investigación que dio títulos tan emblemáticos como "La Ciudad de Ávila.
Estudio histórico" (1986); "Los Comuneros de la Santa Junta: La Constitución de Ávila" (1986); "judíos e Inquisición en Ávila" (1989); "Ávila Contemporánea, 1800-2000" (2001); "Godoy. Historia documentada de un expolio", en colaboración con su esposa Pilar Leseduarte (2007); "La Expulsión de los Judíos. Auge y ocaso del judaísmo en Sefarad”, en colaboración con Pilar Leseduarte Gil (2007); y "Judeoconversos hispanos. La Cultura" (2010).
Al mismo tiempo, la intrahistoria abulense que vivió, así como sus impresiones y recuerdos de juventud, quedó reflejada en libros testimoniales de una época: “Ávila en mis ojos" (2011), “Ávila en la Guerra Civil” (2012), "Ávila mágica" (2012) y "Ávila eterna" (2013), con algunos de los cuales tuve la oportunidad de colaborar aportando información y documentación gráfica.
Finalmente, el Ayuntamiento, a instancias de la Asociación de Vecinos Puerta del Alcázar, le dedicó una calle en los nuevos barrios de la zona sur, y el 10 de noviembre de 2015 le rindió un homenaje en El Episcopio.
En esta convocatoria se destacó su personalidad y su trabajo intelectual, así como su semblanza y labor investigadora y divulgadora de la historia abulense.
En el acto se escuchó su voz grabada en las conversaciones que tuvo con Jesús Arribas que dieron lugar al libro “Ávila de memoria” (Caldeandrín ed., 2009), lo que permitió conocer en su propia voz su fuerza narrativa y extrema lucidez cuando hablaba de su niñez en la escuela del Corralón, de su primer libro sobre las leyendas de Ávila y de su inseparable esposa, Pilar Leseduarte.
1931-1940. GÓMEZ MONTERO, Rafael (Ávila, 1922- Granada, 1994).
Rafael fue un entusiasta alumno del Instituto de Enseñanza Media, habiendo pasado también por los colegios de Las Nieves y de San Juan de la Cruz. Formó parte de la “Tuna” del Instituto que ensayaba con el maestro Piquero. Después, junto a otros amigos, creó la Compañía de Teatro Cómico Humorístico “Los Pajas” con la que actuó en el Teatro Principal en 1941, haciéndolo también con el Teatro Español Universitario al año siguiente, sin dejar de hacer montañismo por Gredos y jugar en el equipo de futbol estudiantil.
Fue un destacado periodista y poeta que siempre tuvo a Ávila en el horizonte de sus trabajaos.
Se inició en el Diario de Ávila y en el Diario deportivo Gol, hoy Marca. Fundó y dirigió en 1951, Radio Juventud de Almería, y un año después fundó Radio Ávila que comenzó andadura bajo su dirección.
Recibió el premio Nacional de Radiodifusión en 1950 y el de San Fernando de periodismo en 1951. Es responsable de la creación en 1952 de la Revista oral de poesía hispánica Hontiveros con la que alzó la bandera poética de san Juan de la Cruz que también arraigó en Granda, y así escribió:
«Todavía dicen por Granada, que antaño, por encima del Genil, del Mauror y de la Judería, se oían a la hora del alba unos rezos líricos a la manera de maitines, que salían, entre el arrayan y el ciprés, del Convento que tenían los carmelitas descalzos en la Colina Roja, en el Carmen de los Mártires, no era, ni más ni menos, que el Cántico Espiritual, que prior, Fray Juan de la Cruz escribiría frente a Sierra Nevada».
Fue miembro de honor en 1978 de la Institución Gran Duque de Alba, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, como reconocimiento por su labor periodística de promoción del arte flamenco y cronista oficial de Barranco del Poqueira de Las Alpujarras granadinas, título otorgado en 1985 por la amplia labor periodística desarrollada en pro de esa comarca de Granada.
Aparte de los numerosos artículos y reportajes que realizó, destacan en su bibliografía las obras “Por tierra de Santos y de Cantos”, 1946; “Guía de Ávila”, 1946; “El alma de Larreta se llama Ávila”, 1949; “Granada, bronce y nieve”, 1960; y “Entierro de García Lorca”,1971.
Finalmente, aunque ya nos hemos ocupado de su trayectoria en estas mismas páginas (DAV, 9/10/1922), el verdadero testamento vital de su vida y su obra lo encontramos en el libro “Rafael Gómez Montero.
De Castilla a la Alpujarra”, escrito por su hijo Rafael Gómez Benito (Ed. del autor, 2006).
Por nuestra parte, al recordar su figura, lo hicimos «en esta aventura de entrelazar querencias, construir identidades y apreciar virtudes en las que queremos reconocernos, nos detuvimos en la figura del periodista y poeta abulense Rafael Gómez Montero (más concretamente en el recuerdo de su palabra radiofónica, en la riqueza de su escritura y en su activismo manifestado en numerosos acontecimientos socioculturales».
Con lo que quisimos «que fuera testimonio vivo de una etapa en la que Ávila flotaba en las ondas gracias al entusiasmo de un hombre que recitaba poemas y coplas, y esparcía constantemente palabras al viento, muchas de ellas cazadas al vuelo en libros y artículos protagonizados por Ávila, por sus pueblos y por sus ilustres hijos».
(Continuará en una tercera y última entrega)